En 1887 nació en Italia Valentín Bianchi, dando inicio a la historia y la tradición de Bodegas Bianchi. Con solo 23 años, en 1910 su joven audacia lo impulsó a dejar atrás la pequeña localidad de Fasano y emprender viaje a la Argentina, más precisamente a San Rafael, en la provincia de Mendoza. Hombre culto, maestro de profesión, poseedor de una impecable caligrafía inglesa que le valió el apodo de “el gringo de la letra bonita” y un sólido espíritu emprendedor, don Valentín comenzó a idear su proyecto de vida en estas latitudes.

En 1928, luego de años de esfuerzo y perseverancia, logró concretar uno de sus más grandes sueños: tener un viñedo propio e inaugurar una bodega a la que llamo El Chiche, “la pequeña bodega de los grandes vinos”.
La vocación incansable de don Valentín nunca se apagó. Dispuesto a hacer los mejores vinos del país, importó cepas europeas y las adaptó a las características climáticas y orográficas de la región de San Rafael. Así, poco a poco, fue forjando una bodega familiar cuyo nombre se convertiría en un auténtico patrimonio de la Argentina: Bodegas Bianchi.

El legado de don Valentín continuó con su hijo, don Enzo Bianchi, quien supo codificar aquel primer pensamiento de su padre y asentó otro de los grandes pilares de la bodega: la búsqueda constante de innovación y de la más alta calidad en sus vinos. Intrépido y rupturista, fue el creador de tintos y blancos vanguardistas que marcaron tendencia en el estilo de los nuevos ejemplares argentinos. De su conocimiento y su intuición nacieron Don Valentín Lacrado y Bianchi Particular, entre otras etiquetas emblemáticas de la vitivinicultura nacional.

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